Sobre coleccionismo y criaturas mágicas

Aún recuerdo la primera vez que vi a esa pequeña ratita amarilla en la pantalla. Debía tener unos nueve o diez años porque la Game Boy fue el mejor de los regalos de mi comunión. Me la habían regalado con uno de esos juegos “50 en 1” que traían los cuatro mismos juegos cutres en blanco y negro repetidos una y otra vez. Pero eso no era lo que yo quería. ¡Yo quería jugar a Pokémon!

Así que, tras mucha pataleta por mi parte, semanas de peloteo, y diversos intentos infructuosos de fregar platos, mi madre llegó a la conclusión de que ya era merecedora de tal adquisición (o quizás solo quería que dejara de dar por saco, quién sabe). Así que fuimos a la ferretería del pueblo (sí, en aquella época en los pueblos murcianos alejados de la mano de dios, los niños nos comprábamos los videojuegos en una ferretería) y por fin tuve ese pequeño cartucho amarillo entre mis manos.

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Aquella rata amarilla estaba programada para hacerte sentir mal. Hicieras lo que hicieras, al principio del juego te odiaba…te hacía complicado el combate contra Brock y su mítico Onix… ¡y encima no te dejaba que la evolucionaras! Bueno, tener un Pikachu lvl 100 tampoco está tan mal…a pesar de su sobrepeso al final se hacía de querer… ¿no?

Se ha de reconocer que tanto el juego como la serie marcaron muchas de nuestras infancias. Antes, cuando no disponíamos de internet en nuestras casas, los trucos y leyendas urbanas sobre el juego corrían como la pólvora durante los recreos en los patios de los colegios mientras nos zampábamos nuestros bocadillos y jugábamos a los tazos. Ay… la de calorías muertas que consumíamos por inflarnos a bolsas de gusanitos que traían todas esas preciadas piezas de plástico… ¿O quién no se ha pasado infructuosas tardes enteras investigando el camión que se encontraba detrás del SS. ANNE en Ciudad Carmín para hacernos con el misterioso MEW? ¿Y eso de clonar Pokémon con el carameloraro para hacernos el juego un pelín más fácil?

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Por no hablar del trauma que seguro más de uno aún conserva: cuando venía ese familiar lejano que te cogía la consola para jugar y te guardaba su partida destrozando todas tus esperanzas e ilusiones, despertando tus instintos asesinos más básicos…creo que no me había sentido tan mal desde la famosa escena de Ash convertido en piedra de la película de Mewtwo vs Mew o cuando mi madre lavó los pantalones con mi tamagotchi Pokémon que te contaba los pasos y hacía feliz al bichillo cuanto más caminaras con él gracias a su podómetro integrado…¡ríete tú de los relojes inteligentes de ahora!

Son muchos los elementos que han hecho de esta franquicia algo mágico e inolvidable. Desde que Game Freak y Creatures Inc. comercializaran los primeros juegos allá por 1999, la saga cuenta ya con siete generaciones consolidadas y sus respectivos Pokémon originales. A finales de año se pondrá a la venta la octava generación que, tras el éxito de la renovada imagen del juego para Nintendo Switch, se espera con gran expectación. Entre los juegos originales que comenzaron con las entregas Red, Blue y Green, sus variaciones generacionales, segundas partes y remakes propios, la saga cuenta con 31 juegos de estilo clásico, y otros tantos de diversas temáticas originales como el Pokémon Pinball o el Pokémon Snap, las sagas Mundo Misterioso, los míticos Pokémon Stadium o el recientemente resucitado Detective Pikachu.

Pero cuando el fenómeno parecía haber sido exprimido al máximo, dieron con la clave que revolucionó la manera de entender el universo Pokémon: Pokémon Go. Las calles de todo el mundo se llenaron el verano de 2016. Casi veinte años después del lanzamiento de sus primeros juegos que revolucionaron el mundo, Nintendo lo había vuelto a hacer.

Pokemon Go cambió la forma de entender el universo Pokémon. Aquellas fantasías infantiles en las que nos colocábamos nuestra gorra y comenzábamos nuestra aventura por el mundo para capturar Pokémon se había vuelto realidad. Con un simple Smartphone y una conexión a internet (sin olvidarnos del powerbank para ir cargando el móvil y no quedarnos sin batería), teníamos todo lo necesario para convertirnos en Maestros Pokémon.

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Fueras fan o no de la saga, el reto de capturar criaturillas de realidad aumentada mientras paseabas o tomabas una copa en una terracita enganchó a más de uno ajeno al mundillo. Por primera vez en mucho tiempo, hijos y padres salían a la calle juntos a buscar criaturas poderosas y a superar el reto de las incursiones. Niños de ocho años y no tan niños de cuarenta…El “sal a la calle y deja la maquinita un rato” de mamá cambió por el “levanta la cabeza de la pantalla al cruzar la calle mientras juegas a Pokemon Go”. ¡Hasta en eso revolucionó el mundo!

El Pokemon Go está muy bien y aún hay gente que sigue dando vueltas por ahí móvil en mano buscando bichitos (también ha luchado contra la obesidad infantil, ¿no?), pero hay otra cosa que sí que parece no tener fin… Hablamos de la serie animada y de sus películas, situándonos ya en los más de mil episodios y subiendo. No entraré en el debate de si la serie Digimon era mejor o peor que Pokémon, porque cada uno tendrá su opinión y no quiero empezar una guerra civil, pero es gracioso como esta cuestión sigue dividiendo a la gente veinte años después.

Y todo esto nos lleva a la penúltima pieza de esta gran composición magistral: La nueva película de Pokémon: Detective Pikachu. He de admitir que cuando anunciaron su estreno y se filtraron las primeras imágenes de la película tuve sentimientos encontrados. Me pasó lo mismo que con el último juego Pokémon Let’s Go! Eevee y Let’s Go Pikachu: por una parte, sabía que era la misma historia original maquillada y reformulada para adaptarla a las nuevas generaciones, pero, por otro lado, el hype y mi niña interior no pudo esperar ni un solo día para hacerse con él.

Pues con esta película me pasa lo mismo. Hay algunos elementos siniestros que me recuerdan a la mítica Dragon Ball Evolution o a la versión que hizo Netflix de Death Note (que oye, si nunca has leído la serie original puede que no sea tan mala…). Pero, por otro lado, el carisma que le han dado al personaje gracias a la interpretación de Ryan Reynolds transformándolo en una especie de Deadpool 2.0 no pinta nada mal. ¿Estamos ante la nueva era de Pokémon o ante el mayor ridículo de la historia de Nintendo? No sé vosotros, pero yo estaré sentada en una butaca el próximo 10 de mayo. Si no recibís noticias mías en un tiempo, será por la embolia que me habrá dado durante la película…Y vosotros, ¿pensáis que la peli será un éxito o un fracaso total?

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